Yo le quise.
Inocente, pálida flor, emergía imparable desde el fondo de mi sentimiento. Dolía, sus raíces perforantes en mi corazón, su embriagante perfume en mi cabeza. He de verle y beber de el vino de sus ojos, he de perderme en su risa, subir junto a su mano y caer hasta el profundo abismo; que mi silueta se estrelle contra el piso, que mis fragmentos no sean superiores a un átomo. Que la brutalidad de la caída solo sea directamente proporcional a la calidad de mi adoración. ¿Adoración?
Calla, duda asesina. Aunque mi alma este lejos de ti, los oídos son susceptibles a tus raciocinios. Rezo, imploro que estés equivocada. Y lagrimas como rocas, escapando de mis ojos, sean rocio de la mañana.
Por que no soy más que una tonta, ilusa ante lo imposible. Pero no es solo mi culpa: ante el juicio final, habrás de ser tú el acusado en el estrado. Por que sabes que no hay imposibles para mí; por que lo sabrías si te dieras cuenta. Ridícula y apática, limitarme a encuentros casuales, esperando el roce de manos tras el obligatorio intercambio, atesorando la bebida que habrías de entregarme.
Y he de aterrorizarme ante las burlas de colegas, ahora desfiguradas en incredulidad y desconsuelo. Ah, pero ninguna como mi melancolía.
Quiero que toques a mi puerta, me tomes de la mano y rías antes una broma pesada. Que niegues lo cierto.
Yo le quise.
Pero el vive en un sueño incierto.
~
Dedicado a una de mis mejores amigas. Por desgracia, basado en la vida real.
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